Mnemosine: Eros lo recuerda todo menos el olvido. Este permanece en fuego. Candente para siempre o enfriado por el devenir de los momentos, aún siempre marcado. Cuando uno se enamora, no lo hace solamente de una persona, lo hace de todo su entorno. O muchas cosas de este. Se enamora de las calles que circundan su casa, los lugares que solían frecuentar, las series que solían ver, la música que se intercambiaron y la que compartieron siempre. Se enamora de la casa, de sus animales, de sus cosas. De Las palabras que se solían decir, que los solían unir. Esas palabras que los condensaban a los dos en un sonido. Y que ahora suenan solas, en eco, y retornan, vacías hacia la soledad. Esos tonos, tiernos, cercanos, seguros, con los que nos expresábamos lo que éramos para el otro. Lo que el otro nos hacía ver del mundo y aquello que nos ayudaba a ver menos peligroso, menos horrible, más tolerable. Las lluvias y los soles compartidos. Las lunas llenas, las menguantes, las nuevas....
Parece Ser Un acto dañino es la transferencia a los otros de la degradación que llevamos en nosotros mismos (Simone Weil) Parece ser (todo parece Ser) que ahora estoy más agusto con todas estas cosas, que antes no se si odiaba, pero al menos, me aburrían, me pesaban. Pasó algún tiempo, uno medianamente prudente, aún falta otro tanto, desde que me aleje de las costas del fiordo de la muerte y del amor. ¿Podría decirse que fui héroe por un día? ¿Después de haber sido un villano por 6 meses? Así me gusta creerlo, aunque no se entienda bien de que hablo: es la idea, siempre la idea es que la idea sea difusa para que nadie se crea nada. La sugestión es terriblemente poderosa, nadie debería sugestionar a nadie, ni si quiera deberíamos hablarnos tanto, si igual no decimos casi nada nunca, solo hacemos ruidos, bar bar bar bar bar, bla bla bla bla, gritos, bullicio, gemidos y algarabía tabernal. Yo también soy uno de ustedes. Créanme, conozco el tedio, conozco el dolor, conozco el...
Dioses dispersos han tocado recién mi ventana. Levante el blackout y los percibí, amorfos, nebulosos, pero de poderosa carga ontológica. Vociferaron algo: -La espada será cuando el tiempo ya no sea el del reloj- Comprendí que no era el que escribía esas líneas, que había detrás, algo más, ¿Cómo lo comprendí?, es simple, ¿para que escribo?, para nada. Eso mismo, eso mismo me dije, eso me hace saber que no soy yo quien escribe. Dejé pasar a esos dioses-entidad-nebulosos a mi habitación, entraron por el espacio entre las rejas, algunos se sentaron en la cama, entraban 20 en una cama de una sola plaza, otros se sentaron en sillas que no existían, o que al menos yo no podía ver: Me di cuenta que manejaban otro espacio, o que no se manejaban en el espacio. Al menos no EL que nosotros concebimos por tal. Alguien gritó: - ¡Hay una nueva física!, el nuevo ciclo ha venido- Y sentí, - y aun así no seremos rescatados- Estoy ahora mirándome desde afuera, soy el imperio de las ...
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