Disco Rígido

 

Dioses dispersos han tocado recién mi ventana. Levante el blackout y los percibí, amorfos, nebulosos, pero de poderosa carga ontológica.

Vociferaron algo: -La espada será cuando el tiempo ya no sea el del reloj-

Comprendí que no era el que escribía esas líneas, que había detrás, algo más, ¿Cómo lo comprendí?, es simple, ¿para que escribo?, para nada.

Eso mismo, eso mismo me dije, eso me hace saber que no soy yo quien escribe.

Dejé pasar a esos dioses-entidad-nebulosos a mi habitación, entraron por el espacio entre las rejas, algunos se sentaron en la cama, entraban 20 en una cama de una sola plaza, otros se sentaron en sillas que no existían, o que al menos yo no podía ver:

Me di cuenta que manejaban otro espacio, o que no se manejaban en el espacio. Al menos no EL que nosotros concebimos por tal.

Alguien gritó: - ¡Hay una nueva física!, el nuevo ciclo ha venido-

Y sentí, - y aun así no seremos rescatados-

Estoy ahora mirándome desde afuera, soy el imperio de las larvas acostadas en un fumadero de opio, estoy en Madrid y en China al mismo tiempo.

No vivo en el tiempo, nunca lo hice, no soy un ser superior, soy un ser que simplemente está-no está. Hago existir la paradoja, la concilio. Porque no busco. Tampoco, por supuesto, encuentro.

Me acerco a los sueños y los miro, los huelo, los escucho. Y es todo lo mismo para mí.

Sinestesia, Árboles grises se marchitan en primavera, frutos crecen en témpanos de hielo, no hay tristeza, ni alegría. Pura paradoja, puro existir. Puro ser-no ser- estar- no estar.

Alguien gritó: - ¡hay una nueva física! – Y miles de hombres murieron.

Y sus almas, sus almas transmigraron al todo. Aunque algunas, las más pesimistas, quedaron atrapadas en un disco rígido de algún servidor de alguna nube.

Algunos se equivocan más que otros. Pero nadie NO se equivoca.

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